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Peugeot 106 Rally Gr.A/ BMR Ex Azcona

Hubo una época en la que los rallyes nacionales españoles estaban repletos de coches ligeros, nerviosos y espectaculares. Máquinas pequeñas en tamaño, pero enormes en carácter, capaces de hacer vibrar al público en cada frenada y cada paso por curva. Entre todos ellos, el mítico Peugeot 106 Rallye Grupo A ocupa un lugar privilegiado en la memoria de los aficionados.

 

A comienzos de los años noventa, Peugeot necesitaba renovar una fórmula que le había dado enormes alegrías deportivas. Los exitosos Peugeot 205 Rallye, Peugeot 205 GTI y Peugeot 309 GTI 16V habían marcado una generación, pero el fabricante francés necesitaba dar un paso adelante tanto tecnológica como deportivamente. Así nacía el Peugeot 106, un modelo que debutaba en competición en 1993 dentro del popular Desafío Peugeot, auténtica cantera de pilotos en España.

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Desde sus primeras apariciones, el 106 destacó por un comportamiento extremadamente ágil y una rapidez sorprendente en los tramos más sinuosos. Peugeot Sport desarrolló múltiples evoluciones para competición, desde los efectivos Rallye Grupo A 1.3 y 1.6 hasta la posterior y radical versión “Kit Car” estrecha. Todos compartían una filosofía común: poco peso, reacciones vivas y una conducción espectacular que convertía cada tramo en un auténtico espectáculo para el público.

 

El Peugeot 106 representó además un importante salto tecnológico respecto a sus predecesores. La llegada de la inyección electrónica solucionaba varios de los problemas de carburación que sufrían modelos anteriores, mientras que la incorporación de electrónica específica de competición —la Magneti Marelli 08P21— elevaba notablemente el nivel técnico del pequeño utilitario francés.

 

Su configuración de chasis era igualmente sobresaliente para la época. En el eje delantero montaba suspensión McPherson con trapecio inferior, muelles helicoidales, amortiguadores Peugeot Sport y una estabilizadora regulable de 28 mm. Detrás recurría a un eje torsional semiindependiente con barras de torsión, amortiguadores Peugeot Sport y estabilizadora de 26 mm. El conjunto se completaba con unas ligeras llantas Speedline de 15 pulgadas que contribuían a convertir al coche en un auténtico “kart” de rallyes.

 

La unidad de Jaime Azcona: un coche con historia

 

El vehículo protagonista de este reportaje es una de las unidades más especiales que compitieron en el Campeonato de España de Rallyes de Asfalto. Se trata del Peugeot 106 Rallye Grupo A utilizado por Jaime Azcona y su copiloto Julius Billmaier como premio tras conquistar el Desafío Peugeot en 1993 al volante de un Peugeot 106 XSI.

 

Fabricado por Peugeot Sport en Francia, el coche llegó a España a finales de 1993 para ponerse en manos de las instalaciones de BMR, dirigidas por Borja Moratal. Allí fue preparado para afrontar las temporadas 1994 y 1995 del Nacional de Asfalto.

 

Esta versión Rallye 1.3 Grupo A desarrollaba 135 CV a 8.050 rpm y apenas declaraba 765 kilogramos de peso, cifras que explican perfectamente su extraordinaria competitividad en los tramos más revirados. Su rapidez quedó demostrada especialmente en el Rally de A Coruña de 1994, donde consiguió una brillante victoria de categoría. A ello se sumaron destacados resultados como un sexto puesto en el Rallye de Avilés y una meritoria cuarta posición en el Rally Príncipe de Asturias, actuaciones que permitieron a Jaime Azcona finalizar cuarto absoluto en el Campeonato de España de aquella temporada.

 

Más allá de los números, quienes vivieron aquella época recuerdan el sonido agudo de su mecánica, la agresividad de sus apoyos y la espectacularidad con la que afrontaba cada curva. El Peugeot 106 Grupo A representaba perfectamente la esencia de los rallyes de los noventa: coches pequeños, pilotos valientes y tramos donde el espectáculo estaba garantizado.

 

De los tramos al museo

 

Con el paso de los años, esta histórica unidad fue restaurada y conservada en las instalaciones de BMR como parte de su colección particular. Permaneció allí hasta 2010, cuando viajó a Asturias de la mano de Roberto Pérez Madroñero, acompañado además por otro icono de la marca francesa, el espectacular Peugeot 306 Maxi.

 

Tiempo después, el vehículo fue adquirido por la familia López para integrarse en su colección privada, asegurando así la conservación de una pieza irrepetible de la historia de los rallyes españoles.

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